martes, 28 de abril de 2015

Para la próxima sonrisa que te lleves a la cama

Esto no lo escribo para decirte lo mucho que te echo de menos, es más, no es ni para ti. Esta es una carta para los próximos ojos llenos de vida a los que mires fijamente, a los siguientes labios que beses o la próxima sonrisa que te lleves a la cama.

Dile que no te gusta el fútbol, excepto si juega tu equipo, y que cuando pierde no estás de humor para nada. Dile que no te gustan las cosquillas, que el café debe estar muy cargado y la carne poco hecha.
Avísale de tu miedo a las relaciones y de que no das abrazos pero te encanta recibirlos. Dile que tiene que actuar como si nada cuando sepa que estás mal y que siempre tienes un día triste al mes. Explícale eso de que te encanta viajar pero odias hacer la maleta, y eso de que el orden no va contigo. Dile que tú no haces el amor, follas, y que los besos saben mejor cuando la luz no está encendida. Que sea consciente de que te cuesta decir "te quiero" un mundo y dile eso de "amigos con derecho a roce" a ver qué cara te pone. Dile que duermes en el lado derecho de la cama y que no se asuste si te despiertas en medio de la noche. Dile que odias madrugar y todos los días, sin falta, te entra sueño a las cinco de la tarde. Confiesale que bebes demasiado y que no hay dios que te aguante con resaca, que fumas, y aunque lo niegues, siempre llevas unos cuantos papeles y un poco de tabaco en el bolsillo. Sé que le dirás que tocas la guitarra, porque yo nunca tuve el valor de decirte como lo hacías. Avísale de tus cambios de humor y tus enfados cuando algo te ofende, hazle saber que no puede tocarte el cuello sin follarte y aunque las prefieres morenas, no te importa tirarte algún corazón rubio de vez en cuando. Avísale de tu tendencia a cagarla y además siempre en el peor momento posible, que conozca tu mal humor al despertar y el sabor de tu boca por las mañanas. Que sepa que vas a picarla hasta que se enfade para así poder abrazarla hasta que te perdone, y que si esto no funciona, recurrirás a las cosquillas. Enséñale tu lado cabrón, porque tranquilo, también se enamorará de él como yo lo hice.
Dile que te quiera como yo te quería, ahora que ya no puedo hacerlo, y que lo haga con cuidado, porque sabiéndome tu manual de instrucciones de memoria, no fui capaz de que te quedases conmigo.

París

Cariño
Han puesto de moda París desde que nos fuimos
Ahora es el cenicero de los amores que se queman de rutina
y de los cigarros que se consumen a falta de unos labios que besar

Sus puentes se han llenado de candados, como los de Roma
de llaves y trenes perdidos
de promesas 
que se rompen más rápido que el silencio de sus calles
y "parasiempres"
que desaparecen tras un par de copas y una falda corta

se ha llenado de desconocidos que dicen amarse
y confunden el vértigo con amor
 cuando sienten algo en el estomago al mirar la ciudad desde el segundo piso

y yo aquí
pensando que París es el infierno más bonito
y tu el hijo de puta más guapo que ha fingido amarme
yo llegué a enamorarme de ti
aunque me pisases los pies al bailar, y el corazón al querer.

Díselo tú cariño
lo confundidos que están, creyendo que hay algo de sentimiento en sus calles
Porque París ya no es lo que era
 y el amor es solo un triste suicida que se lanza de sus puentes

cuéntales como acabamos
yo enganchada a ti como un candado
y tú saltando al vacío.

domingo, 26 de abril de 2015

Oda a tu ausencia.

Lo peor de todo esto es saber que si me arrancaras el corazón, te pediría perdón por mancharte la camisa de sangre.

Incapaz de besarte el alma me tuve que conformar con tus labios, esos en cuya curva me suicidaría una y otra vez. Intento pasar página, pero este libro no se termina, y empiezo a cansarme de verte más en mi mente que por la calle, de que tu mirada sea un arma de doble filo y que al caer de tus pestañas mi corazón deje de latir. Y es que siempre estoy, pero sin ti, a veces me cuesta ser.

Dicen que las ruinas son señal de un gran imperio, así que supongo que mi corazón fue algo así hace mucho tiempo. Que pena no ser Roma, y que todos los caminos te llevasen a mi. Clavarme un cuchillo en el corazón y no vendarlo por la sencilla razón de que esa sensación de escozor lleva tu nombre. Sé que mi próxima cicatriz sera con tu firma, pero para qué mentir, aquel beso fue mi herida más bonita. No sabes lo que daría por tenerte ahora a mi lado. Perdería todos los trenes de este mundo solo para estar un rato más contigo.

Yo pienso en ti cada tres por cuatro, pero tu sigues en tus trece, Yo mato por celos mientras tu no mueres por mi. Odio no saber en qué piensas cuando no soy yo, sino tú, quien muerde tu labio inferior. Cuando el brillo de tus ojos se apaga y no tengo derecho a revivirlo, cuando aquello que teníamos se duerme y no soy capaz de despertarlo.

Ojalá fuese capaz de controlar mis mejillas y el rojo del que se tiñen cada vez que me miras fijamente, o el tembleque de mis rodillas cuando esa sonrisa tuya se me cruza de repente. A lo lejos suenan los tambores de mi pecho cuando tu dedo recorría mi columna, aunque bueno, ya solo son simples recuerdos.

Aunque es cierto que contigo conseguí ver el vaso medio lleno, deberías saber que solo me sirvió para ahogarme. Debería darme cuenta de que te has embarcado en otro vuelo, que no es el de mi falda, y que cuando pienso demasiado en ti mi mente y mi alma acaban más revueltas que mi pelo en un día de viento. Cada vez soy más consciente de que las palabras que salen de tu boca son balas, y tengo demasiadas alojadas en el pecho.

Creo que ya no volveré a pasar mis dedos por tu pelo despeinado en un intento de mejorarlo, y que las cosquillas en el cuello serán obra de otro artista. Estoy segura de que estás demasiado lejos para escuchar mis gritos, y mucho menos mis "te quiero" a media voz. Creo que empiezo a darme cuenta de que esto de echarte de menos forma ya parte de mi rutina y aunque a veces duela demasiado y quiera gritarle al silencio tengo que convivir con ello. Siempre estuvo bien aprender a base de equivocarse, pero ni siete vidas son suficientes para tantos errores como he cometido.

No quiero que me rompan, me susurra mi corazón asustado, pero ya estoy demasiado perdida para escucharle.

Llega el momento de la despedida
"ha sido un placer ser dolida"
"el daño es mio" respondes
Y me sonríes por última vez, disparando tu última bala.