domingo, 26 de abril de 2015

Oda a tu ausencia.

Lo peor de todo esto es saber que si me arrancaras el corazón, te pediría perdón por mancharte la camisa de sangre.

Incapaz de besarte el alma me tuve que conformar con tus labios, esos en cuya curva me suicidaría una y otra vez. Intento pasar página, pero este libro no se termina, y empiezo a cansarme de verte más en mi mente que por la calle, de que tu mirada sea un arma de doble filo y que al caer de tus pestañas mi corazón deje de latir. Y es que siempre estoy, pero sin ti, a veces me cuesta ser.

Dicen que las ruinas son señal de un gran imperio, así que supongo que mi corazón fue algo así hace mucho tiempo. Que pena no ser Roma, y que todos los caminos te llevasen a mi. Clavarme un cuchillo en el corazón y no vendarlo por la sencilla razón de que esa sensación de escozor lleva tu nombre. Sé que mi próxima cicatriz sera con tu firma, pero para qué mentir, aquel beso fue mi herida más bonita. No sabes lo que daría por tenerte ahora a mi lado. Perdería todos los trenes de este mundo solo para estar un rato más contigo.

Yo pienso en ti cada tres por cuatro, pero tu sigues en tus trece, Yo mato por celos mientras tu no mueres por mi. Odio no saber en qué piensas cuando no soy yo, sino tú, quien muerde tu labio inferior. Cuando el brillo de tus ojos se apaga y no tengo derecho a revivirlo, cuando aquello que teníamos se duerme y no soy capaz de despertarlo.

Ojalá fuese capaz de controlar mis mejillas y el rojo del que se tiñen cada vez que me miras fijamente, o el tembleque de mis rodillas cuando esa sonrisa tuya se me cruza de repente. A lo lejos suenan los tambores de mi pecho cuando tu dedo recorría mi columna, aunque bueno, ya solo son simples recuerdos.

Aunque es cierto que contigo conseguí ver el vaso medio lleno, deberías saber que solo me sirvió para ahogarme. Debería darme cuenta de que te has embarcado en otro vuelo, que no es el de mi falda, y que cuando pienso demasiado en ti mi mente y mi alma acaban más revueltas que mi pelo en un día de viento. Cada vez soy más consciente de que las palabras que salen de tu boca son balas, y tengo demasiadas alojadas en el pecho.

Creo que ya no volveré a pasar mis dedos por tu pelo despeinado en un intento de mejorarlo, y que las cosquillas en el cuello serán obra de otro artista. Estoy segura de que estás demasiado lejos para escuchar mis gritos, y mucho menos mis "te quiero" a media voz. Creo que empiezo a darme cuenta de que esto de echarte de menos forma ya parte de mi rutina y aunque a veces duela demasiado y quiera gritarle al silencio tengo que convivir con ello. Siempre estuvo bien aprender a base de equivocarse, pero ni siete vidas son suficientes para tantos errores como he cometido.

No quiero que me rompan, me susurra mi corazón asustado, pero ya estoy demasiado perdida para escucharle.

Llega el momento de la despedida
"ha sido un placer ser dolida"
"el daño es mio" respondes
Y me sonríes por última vez, disparando tu última bala.


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