Hubo un día en que las cosas cambiaron, el café ya no sabía tan amargo, los libros dejaron de contar el mismo final, entre nosotros ya no había motivos para seguir fingiendo que nos queríamos, y con eso nos quitamos un peso de encima. Todas las canciones dejaron de hablar de ti y mis ojos ya no brillaban cada vez que escuchaba tu nombre. Mi corazón aprendió a controlarse cada vez que nuestros caminos se cruzaban y decidí que estaba harta de pasear entre las ruinas de tu cariño. Finalmente, un día dejé de torturarme con tu recuerdo, ya no era lo primero que me venía a la mente cuando mis pensamientos y yo bailábamos solos. Simplemente ya no me dolía, ya no revivía cada instante que me había llenado de felicidad o de odio. Dejé que todo eso se guardara en algún lugar de mi y con el tiempo otras cosas lo enterraron a conciencia. No sentía remordimiento alguno por dejar atrás el pasado, y entonces la vida pasó la página
sin que yo me diera cuenta.
viernes, 7 de agosto de 2015
Y un día, cambió.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario